NUESTRO VIAJE A LA RESILIENCIA

 

NOSOTROS

Somos una familia compuesta por Paula (yo), Leo (mi compañero de vida), Amaro (9), Gael (6) y Pascal (4). Vivíamos en Santiago de Chile hasta que la vida nos invitó a Brasil, donde ha comenzado este viaje a la resiliencia.

Por mi parte, llevo años dedicándome a la agricultura urbana, trabajé en Santiago de Chile unos 10 años en estas temáticas y pude vivenciar día a día la desconexión del ser humano con la naturaleza y el impacto que esto genera en nuestra forma de vivir y en cada una de nuestras acciones. El proceso fue largo, poco a poco comencé a darme cuenta de cómo vivimos, de cuáles son las prioridades de una sociedad de consumo, de cómo funciona un mundo acelerado y sumamente exigente, de cuánto tiempo estamos dedicando a nuestros hijos y a nosotros mismos, de cómo influye en la vida de las personas el exceso de conexión (internet) que finalmente nos desconecta, y cómo la decadencia en nuestra alimentación está dañando nuestra salud, nuestro pensar y nuestro sentir. En fin, mi trabajo comenzó a enfocarse en fomentar la agricultura urbana para minimizar, en algún grado, las implicancias que traen consigo el vivir en una ciudad lejos de la fuente de la vida “la tierra”. Me dediqué a cultivar, construir huertas, hacer clases, realizar talleres, escribir en una revista sobre estos temas y trabajar activamente en cada proyecto que significara, desde mi punto de vista, ser un aporte real.

Leo (mi marido), dedicado a comercializar frutas y verduras en una empresa que él mismo formó con mucho esfuerzo y trabajo; nuestros hijos en una linda escuela llamada Francisco Varela donde fueron muy felices y desarrollaron el verdadero gusto por aprender; una maravillosa casa construida por nosotros mismos en la pre cordillera. Cada uno trabajando y viviendo en lo que habíamos elegido para nuestras vidas, no en lo que nos había tocado. Todos rodeados de familia y grandes amigos/as, nos sentíamos queridos y acompañados. Teníamos una vida que nos hacía bien felices, sin embargo, sentíamos que algo de lo que “nos daba o nos quitaba” esa gran ciudad no nos hacía bien como familia y como personas. 

Así andaba la vida hasta que un día todo cambió; nos vinimos de vacaciones al nordeste de Brasil y por esas cosas que no tienen mucha explicación, nos encontramos con un lugar mágico y especial que nos invitó a sentir, a repensar lo que estábamos eligiendo cada día, a ver realmente lo que queríamos para nuestros hijos, a ser críticos y realistas en la cantidad y calidad del tiempo que les estábamos dedicando a ellos; nos invitó a ver cuál era el foco de nuestros esfuerzos, a cambiar las prioridades y finalmente decidimos que queríamos vivir de un modo diferente. Así fue como conseguimos comprar unos 3000 metros2 en este lugar llamado Entre Ríos, insertos en la Mata Atlántica, es una localidad que pertenece a la ciudad de Vila Flor, a unos 20 km de Pipa y unos 120 km de Natal.

Lo primero que pensamos sería hacer un plan para preparar nuestra partida desde chile y acomodar lo más posible nuestra llegada por acá. Así comenzamos a planificar y trabajar en nuestro proyecto. Volvimos al año siguiente en vacaciones y comenzamos a levantar lo que sería nuestra casa, la dejamos bastante avanzada el verano del 2017 y luego nos fuimos a Chile nuevamente a trabajar todo un año para venirnos tranquilos y bien organizados. Así fue como volvimos a Brasil un 25 de diciembre del año 2017, ya con algunas maletas de ropa y dispuestos a vivir un tiempo indefinido por acá.

 

Y a este viaje de vida le pusimos por nombre “Un viaje a la Resiliencia”.

Resiliencia se puede entender como la capacidad de un ecosistema para hacer frente a las adversidades; tratar con el cambio y seguir desarrollándose.

En las plantas, la resiliencia se puede observar en el proceso de adaptación que ellas tienen según el medio donde éstas se desarrollan; fríos extremos, calor, sequía, plagas, enfermedades, entre otros. Esta adaptación se genera por una interacción entre los genes y el ambiente que se produce en el entorno de cada organismo. Las plantas tienen la manera de tomar todos los datos sensoriales que se reúnen en su vida cotidiana, integrarlos y luego responder de una manera diferente. Esta experiencia de vida, queda registrada en lo más profundo de su ser y luego es transmitida toda esa información por medio de la semilla y su cuerpo vital. Aquí es donde encontramos una verdadera adaptación para la vida.

El reino vegetal, ha ido por siglos interactuando muy de cerca con los animales para evolucionar junto al hombre en su camino, produciendo tanto los alimentos como la medicina que han ido requiriendo para su desarrollo en cada etapa de su evolución. Se han generado adaptaciones únicas a cada especie, por ej, hay plantas que se han ido asociando en la búsqueda de una mejor utilización de nutrientes y agua,  han ido produciendo flores de formas, colores y aromas únicos para atraer especies polinizantes, han generado mecanismos de defensa frente a plagas y enfermedades, han desarrollado el tacto para poder trepar, etc. Esta imagen de la evolución conjunta de las plantas, animales, y seres humanos a través de los siglos nos ayuda a expandir nuestra visión y comprensión del significado de resiliencia; la que se da por un proceso colectivo de evolución (co-evolución).

Si bien ya podemos comprender el proceso de las plantas, ahora sería interesante poder analizar el nuestro, el de los seres humanos. Nosotros también tenemos la posibilidad de formar parte de este proceso de co-evolución, sin embargo, para lograrlo necesitamos salir del individualismo, hacernos conscientes de nuestro entorno y la influencia que ejerce cada una de nuestras acciones sobre la totalidad. Sin ir más lejos, si cada vez tenemos menos agua en nuestro planeta, es imposible seguir utilizándola como si fuera un recurso de nunca acabar; si las temperaturas aumentan cada año, no se puede seguir cultivando de la misma manera y arrasando con bosques completos para hacer plantíos de monocultivos de soya, trigo, algodón, caña y maíz; si la curva de consumo y desechos va en aumento y sin descenso, el tema de los residuos es algo que realmente debemos saber gestionar. Estamos viviendo sumergidos en una individualidad que se torna cada vez más peligrosa, ya que el sistema nos ha convertido en seres que creen ser independientes, se nos educa para pensar qué, al trabajar dentro de un sistema diseñado por la industria, tendremos dinero para comprarlo todo; sin embargo, en la historia de la humanidad nunca habíamos sido más dependientes de una economía como somos al día de hoy, ni tan inconscientes del peligro que nos trae el vivir ensimismados.

Hoy se hace necesario disminuir nuestra soberbia humana donde se cree que la economía globalizada, la tecnología y la explotación de los recursos naturales son el sistema de evolución; pues estamos muy equivocados. Es necesario volver a creer en la co-evolución, ella es la única que sabrá guiarnos por un buen sendero que nos permita generar la resiliencia necesaria para seguir adelante. Y este camino no es nada nuevo, ya que así se formó la humanidad. Lo que se debe buscar ahora, con la utilización de los conocimientos y aprendizajes obtenidos por la experiencia de miles de años de historia, es rescatar y rediseñar sistemas que nos permitan crear núcleos fuertes e interconectados, pero independientes en lo más posible unos de otros. Para ello, debemos comenzar por tener algún grado de participación en la producción de nuestro propio alimento de forma respetuosa, en comprender los ciclos naturales, conectarnos con la naturaleza, aprender a respetar a nuestros pares y todo lo que nos rodea, cuidar cada elemento vivo y no vivo que exista a nuestro alrededor, cambiar los patrones de consumo, educar con amor y consciencia a nuestros hijos, trabajar en la revalorización de lo doméstico y lo cotidiano, volver a creer que el verdadero poder está en las familias, en las comunidades, en las organizaciones sociales; en entender que el tiempo es algo sagrado y que si no se disfruta entonces se ha perdido, constatar que en la simpleza habita la magia de la vida, y por sobre todo, en volver a vivir como parte de un todo y no como dueños del todo. Es por eso y por todo lo que se nos mueve desde el corazón, que junto a mi familia hemos decidido comenzar este viaje…