Mi vecina July, un tiempo atrás fue a conocer la única aldea de los indígenas katu de Potiguara que existe en todo Río grande do Norte de Brasil, cultura que ha venido resistiendo a todas las presiones ejercidas por el gobierno y dueños de cañaverales para expropiarles sus tierras y hacer de ellas la monocultura de la caña de azúcar. Después de larga resistencia y lucha por su reconocimiento y protección, han conseguido algo de respeto, y hoy en día parte de su trabajo está siendo el transmitir a otros su cultura y sabiduría ancestral.

Un día conversando con July y preguntándole si conocía algunos pequeños productores por la zona que pudiésemos visitar, ella mencionó esta aldea y rápidamente sentí la certeza de que tenía que ir para allá. Un par de semanas posterior a esta conversación, July organizó una visita y una caminata por la mata atlántica en búsqueda del reconocimiento de alimentos de recolección silvestre y de plantas medicinales del lugar.

Creo no tener palabras para transmitir lo vivido en ese día, ya que fue una experiencia tan maravillosa que se me hace casi imposible expresar. Sin embargo, iré haciendo un intento…llegamos al lugar acordado como punto de encuentro con el capataz de la tribu y dos indígenas más que lo acompañaban a él para guiar a este grupo de 6 mujeres en la ruta de las plantas medicinales. Conversamos un poco y luego emprendimos la caminata sumergiéndonos en la misma ruta que han hecho por cientos de años los cazadores y recolectores de esta tribu. Durante el camino fuimos comiendo frutitas como guabiroba, cambuí y mangaba; conociendo especies medicinales como la corteza del barbatimao. Paramos en el “ojo de agua” de la naciente del río Katu, observamos, caminamos, conversamos, sentimos, respiramos y regresamos luego de unas 4 horas. Fue algo intenso y agotador por el calor que hacía, sin embargo, la sensación de plenitud cuando salimos de ese bosque es algo que se siente maravilloso.

Saliendo de la mata atlántica comienza el pueblo y también se empiezan a asomar los terrenos cultivados por sistemas de agricultura familiar. A pesar de estar siendo contaminados por la industria química y el vicio de los fertilizantes de síntesis, aun existen pequeños productores que cultivan orgánico y que lo hacen con buenos resultados, pudiendo ser el ejemplo para implementar un programa de transición a la producción orgánica de toda la aldea. Una tarea difícil, pero que se puede lograr.

Juan Pablo, hijo de padre agricultor y madre mangabera (recolectora de mangaba silvestre) nos llevó de visita donde algunos agricultores orgánicos y otros convencionales, haciendo un recorrido de larga caminata e interesantes conversaciones en torno a sus cultivos, semillas, rendimientos, dificultades, sus tierras, sistemas de comercialización, dolores y aspiraciones. Él, junto a su familia son de los pocos agricultores que han sabido conservar sus tierras y seguir trabajándolas en sintonía con la naturaleza. Ellos no usan químicos en su producción, trabajan solo con un sistema de “engorde de suelos” como le llaman ellos, que consiste en abonar con guano de vaca. Sin embargo, al comparar sus producciones con las de otros agricultores convencionales, se lamentan por obtener bajos rendimientos y eventuales pérdidas por ataque de plagas y enfermedades. En mi opinión, creo que este es el punto clave para comenzar a trabajar; ya que una agricultura orgánica, ecológica, agroecológica, respetuosa o como le quieran llamar, que esté bien manejada con los recursos propios y algo de esfuerzo, debiera entregar aún mejores resultados productivos y económicos que un sistema de agricultura convencional, ya que éste último tiene fuga de capital en la compra de semillas e insumos químicos. Este punto es clave, ya que basta que un agricultor comience a obtener buenos rendimientos y mejor retorno económico basado en un sistema de agricultura respetuosa, para comenzar a ser el motor de cambio de un proceso real de transición para todos los agricultores de la tribu.

Son terrenos realmente maravillosos, un verdadero paraíso que aún tienen la posibilidad de conservar. Se deben mantener fuertes ante las presiones por parte de la industria de caña que quiere acceder a sus tierras, ante la seducción por parte del municipio con el regalo de semillas comerciales y ante la tentación de poner químicos en sus suelos.

La sensación con la que me quedé después de la visita, es que ellos necesitan ayuda; están sumergidos en la pobreza económica, su producción si bien no es escaza, es poco abundante, su comercialización aún es muy precaria y no logran vender todo lo que producen. Necesitan apoyo, mejorar sus sistemas de producción, aprender a nutrir bien sus suelos, a hacer asociaciones de cultivos, a rotar para evitar enfermedades; necesitan apoyo para lograr una organización entre sus productores, para conseguir una buena venta de sus productos y así poder continuar cultivando sus tierras y conservando su cultura.