Una semilla se puede definir como la parte de un fruto que contiene el germen de una nueva planta o también como la máxima concentración de vida en materia seca. Este germen tendrá características similares, pero no exactamente iguales a su planta de origen, ya que el sistema de reproducción por semillas es de carácter sexual y siempre nos enfrentaremos a la variabilidad genética.
Las semillas pueden ser clasificadas como endémicas, siendo éstas originarias de un solo lugar en el mundo, como por ejemplo el copao (similar a la tuna) fruta endémica de la región de Coquimbo en Chile; las hay nativas, que son aquellas que pertenecen a una región o ecosistema determinado pero que se pueden encontrar también en otros lugares de condiciones similares. Las semillas locales o adaptadas, son especies que no son necesariamente endémicas ni nativas, ellas pueden haber sido traídas de otro país o continente pero que con el pasar de los años se han convertido en el resultado del proceso de co-evolución donde ellas han ido interactuando con el medio y generando cierta resiliencia. Hasta aquí todo va basado en un proceso donde la naturaleza se encarga de hacer de las semillas, una fuente de vida. Con la intervención de la industria, las semillas más utilizadas al día de hoy no son ninguna de las antes mencionadas, sino que son semillas desarrolladas principalmente en laboratorios donde se ignora totalmente el entorno y son seleccionadas para dar una producción estandarizada y máxima en el marco de unas condiciones ideales, junto con la aplicación de fertilizantes sintéticos y luego de pesticidas. Un paquete completo que no permite a la planta evolucionar con su medio y menos defenderse y alcanzar un equilibrio con el sistema; y peor aún, es que quien las cultiva no puede conseguir recolectar sus semillas para la próxima producción, ya que su calidad es sumamente inferior en todo aspecto y eso obliga a seguir comprando y favoreciendo la industria. Con las semillas transgénicas ocurre lo mismo que con las comerciales pero elevado a 10.000. La co-evolución no es que no se tenga en cuenta, es que se rompen por primera vez en la historia la dinámica natural de la evolución, introduciendo en una especie en particular, genes de cualquier otro reino o género, con unas consecuencias imprevisibles en el futuro. Estas plantas alteradas, al llegar al medio natural, pueden acabar con equilibrios ecosistémicos alcanzados tras siglos de co-evolución, pudiendo generar desastres ecológicos inimaginables.
En los tres últimos siglos, como consecuencia de la aceleración de la expansión e intensificación de la agricultura, la revolución industrial y la urbanización; la biodiversidad se ha reducido considerablemente, provocando la extinción o amenaza de un gran número de especies vegetales y animales endémicas.
Tomando en consideración lo antes mencionado, es que debemos siempre intentar potenciar el rescate de semillas originarias de los pueblos, de realizar la práctica de bancos vivos (conseguir semillas, sembrar, cultivar, cosechar semillas y nuevamente sembrar, guardar unas pocas y compartir otras tantas), privilegiar lo local antes que lo foráneo y potenciar la biodiversidad por sobre la productividad.
En esta experiencia de viaje, donde me he venido a vivir lejos y no he podido traer mi propio banco de semillas, me ha tocado comenzar desde cero; donde la llegada de cada semilla a mis manos se ha convertido en un tesoro que tendré la responsabilidad de cuidar, conservar y propagar. Así es como Carliños me trajo unas semillas de maní que han venido cultivando en su familia por generaciones; Angely me ha regalado un especie de espinaca que ya lleva unos cuantos años instalada y produciendo muy bien en su huerta, también me ha dado unas raíces de yuca o macaxeira que se ha dado por años en este lugar; July me compartió unas pocas semillas de un tipo de maíz nativo que se consiguió hace un tiempo con una guardadora de semillas y hoy queremos juntas sembrarlas cuidarlas y reproducirlas, en otras palabras, hacer nuestro primer banco de semillas de maíz nativo (muy escaso hoy en día), para lo cual es muy importante no tener ningún otro cultivo cercano (hasta 300 mt) ni tampoco sembrar más de una variedad al mismo tiempo para así evitar la polinización cruzada y mantener la pureza varietal, condiciones que se dan ideales para hacerlo acá en la huerta en medio de un bosque como barrera natural. Siguiendo con la colecta, encontré unas maracuyás que cosechamos en el camino y he sacado sus semillas que ya están comenzando a germinar; coseché también de un árbol de açaí que tenía don Luis en el vivero que según me dijo él, no tendrían problema para germinar. Algunas otras como lechugas, zanahorias y tomates, las he conseguido en el mercado sin mucha intensión de preservar, sino que solo de producir para consumo hasta que algunas más interesantes lleguen a mis manos y las pueda conservar. Otra cosa que estoy haciendo es ponerme en contacto con pequeños productores, algunos grupos de intercambio de semillas e intentando hacer algunas redes que me permitan comenzar a contactar a quienes se encargan por estos lados de preservar.