Los bosques de alimentos, también llamados bosques comestibles, jardines forestales, sistemas de agrofloresta o bien conocidos como forest gardens, son un sistema que imita la estructura de un bosque natural, solo que son diseñados y hechos por el hombre.

Para la creación de un bosque comestible, se deben considerar algunos puntos claves como son: el policultivo, el uso de capas y la generación de un ecosistema que sea capaz de permanecer en el tiempo. El policultivo hace referencia a la existencia de varias especies conviviendo juntas, donde para evitar la competencia entre ellas, se hace un diseño en relación a sus formas, tamaños, requerimientos y necesidades nutricionales; será fundamental el uso de plantas perennes (aseguran la permanencia del sistema) y abundancia de leguminosas (aportan nitrógeno al suelo). El uso de capas, consiste en formar un mínimo de 3 capas que se pueden agrupar en árboles, arbustos y herbáceas; abarcando gran diversidad desde frutales, especies perennes, leguminosas, cereales, hortalizas, cultivos de raíz, enredaderas, hongos, etc. Por último, será necesaria la generación de un ecosistema, es decir, que todas las especies existentes sean capaces de interactuar de manera positiva entre ellas en la búsqueda de la abundancia, resistencia y permanencia.

Un sistema bien diseñado, debiera autofertilizarse por las diferentes especies presentes en él y por el reciclaje de las cosechas; debiera estar libre de plagas y enfermedades importantes producto de la asociaciones y la generación de equilibrio por medio de la biodiversidad; debiera permanecer en el tiempo sin la necesidad de mayores cuidados y se esperaría una máxima eficiencia por el uso de cultivos horizontales y verticales y por la generación de un sistema rico y complejo, sobre y bajo el suelo. 

Nuestro terreno en sus comienzos era un bosque de árboles de tamaño medio y bien denso. Dentro de las principales especies nativas reconocidas, encontramos Guabiraba, Pau Brasil, Sucupira, Mangaba y Cajú, entre otros. El resto son árboles de tronco bastante delgado que crecen bien tupidos y que, al menos para los nativos de la zona, no son de gran interés.

Para comenzar con el sistema de bosques de alimentos, hemos tenido que hacer un buen diseño con el catastro de las especies que queremos conservar y de aquellas que podrían ser taladas para dar paso a la plantación de otros árboles y cultivos. Eso de la tala de árboles ha sido un proceso difícil para mí, ya que tengo demasiado instalado el concepto de la conservación y me duele el alma cada vez que veo caer un árbol; claro que ahí comienza mi trabajo de auto convencimiento de que es necesario hacerlo si quiero producir alimento y que ellos serán de un modo u otro devueltos a la tierra. Algo así como una aceleración de lo que ocurriría naturalmente con ellos en unos cuantos años más. Así me he preocupado de que cada árbol cortado sea incorporado de alguna manera en el diseño de producción que estamos haciendo.

Muchos de los espacios de cultivos, los hemos hecho en forma de mandalas; los que se originaron en India y su nombre en sánscrito significa círculo sagrado de energía o energía vital del universo. Siendo éstos formados por geometría (geo=tierra metría=medición) pura, la que tiene sus orígenes en la naturaleza y ha dado patrón de formación o crecimiento a todo aquello que habita. El origen de esta ciencia que ha sido de las más antiguas en la historia de la humanidad, nació debido a la necesidad de planificar y ejecutar los antiguos ritos religiosos relacionados a la agricultura.

Al nombre de mandalas se le atribuye cierto misticismo, sin embargo, aquí también estamos hablando de ciencia, donde la energía es la fuerza conductora de la creación y del cambio. Estas formaciones trabajan con las energías de la tierra y del cosmos, transformándose en un centro energético y de equilibrio. Pensando así, es que se hace interesante crear aquella fuerza y equilibrio en nuestro entorno y especialmente en aquello que será la fuente de nuestro alimento.

En relación a la forma que se le da al sistema de cultivo, existen una serie de significados, por ejemplo, el círculo permite a la energía fluir alrededor de los cultivos de manera natural, de hecho, muchas de las energías de nuestro planeta se manifiestan en patrones circulares, como los remolinos, huracanes y tornados. El cuadrado es equilibrio y estabilidad, el triángulo se relaciona con el agua, la transformación, la vitalidad; el espiral busca generar energías curativas, la cruz es símbolo de los puntos cardinales y la toma de decisiones; el pentágono representa los 5 elementos, los 5 sentidos humanos; el hexágono es equilibrio y unión de contrarios; el laberinto es la búsqueda del centro de uno mismo y la estrella es la unión de los opuestos y complementarios, algo así como el yin y el yang. En la edad media se consideraba a la estrella rodeada de un círculo, como símbolo de protección y magia, para otros representa el alma.
El primer diseño que hemos realizado, ha sido algo así como un mandala con una flor de seis pétalos, el que en su centro tiene plantado un árbol de graviola (fruta deliciosa similar al sabor de la chirimoya), un árbol grande que en su estado de máximo desarrollo podría necesitar de unos 5 a 6 metros de diámetro. En torno a él, cavamos unos 40 centímetros de suelo para poner en la base de las camas rastrojos de ramas pequeñas y hojas, y por sobre ellas la misma capa de suelo inicial misturada con estiércol y algo de polvo de rocas. En los pasillos se incorporaron las mismas ramas y ramillas de los árboles que tuvimos que cortar para dar luz y espacio a los cultivos; una manera de hacer un diseño ordenado y de potenciar el aumento de microorganismos que comenzarán a trabajar en el lento proceso de pudrición de la madera, dando paso a la actividad biológica y a la disponibilidad de nutrientes para lo que vamos a cultivar. En cuanto a la plantación y siembra, pusimos varias hortalizas de hojas y algunas raíces como yuca y camote. Poco a poco iré consiguiendo las herbáceas y arbustos necesarios para hacer el sistema completo.
En otros sectores de tamaño más pequeño, las figuras que estamos haciendo son circulares entorno a cada árbol; mango, piña (es tipo graviola pero muy pequeñas), coquero, sapotí, etc. En ellos dejamos un camino para la entrada y circularmente en torno al árbol se ha preparado la cama de siembra de forma similar a la antes mencionada, siempre considerando el diámetro que necesitará cada árbol en su estado de adultez.
En otra parte del terreno, hicimos una figura de un pentágono que en el centro tiene un limonero y también hicimos otro lugar amplio con un mango en el centro y una estrella de seis puntas marcando la circulación. Todas las figuras han sido desarrolladas con el trabajo de suelo antes mencionado y para el diseño se han ido incorporando los mismos árboles que hemos tenido que cortar.
Una vez listos los diseños, hemos comenzado a cubrir con materia orgánica para hacer la cobertura de suelo y dar paso a sembrar y plantar especies adaptadas a la zona.