Una Vía de Cambio

Una Vía de Cambio

En estos momentos, al año 2018, existen una serie de problemas medioambientales y por nombrar algunos podemos mencionar la sobrepoblación, el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la crisis del agua, la acidificación de los océanos, la contaminación, el desgaste de la capa de ozono, la deforestación, la mala distribución de los alimentos, etc. Son varios, todos diferentes, pero tienen un factor común y es que son causados por nosotros, los seres humanos. La pregunta ahora es por qué, y creo tener esa respuesta, es porque no hemos aprendido a respetar, nos enseñaron a obedecer, a competir y velar por nuestros propios intereses, nos cuesta mirar a nuestros pares, a la naturaleza, a la biodiversidad del entorno y la nuestra, somos todos diferentes y no nos aceptamos, muchas veces no vemos las necesidades del otro.

Pensando en lo cotidiano, podemos observar que día a día estamos constantemente eligiendo y somos libres de ello, entonces, a la hora de elegir y de actuar inmediatamente estaremos generando una consecuencia, es imposible pasar por la vida sin tener un impacto, pero si este es menos negativo, podría ser mucho mejor. Nos levantamos y prendemos la ducha, intentemos que no sea demasiado larga y estaremos ahorrando agua; cuando hagamos las compras privilegiemos el comercio limpio, justo y no compremos excesivas cosas con envoltorios, así reduciremos la basura; cuando organicemos los desechos, intentemos separarlos y compostar lo orgánico, podremos nutrir el jardín y disminuir la basura en al menos un 50%; si compramos cosas nuevas para la casa, procuremos regalar las antiguas a alguien que las necesite; elijamos bien nuestro sistema de calefacción y frío, procuremos contaminar lo menos posible; en el jardín privilegiemos las especies nativas por sobre el pasto y otras, necesitan menos agua y menos cuidados; apaguemos las luces si no las estamos usando; intentemos reducir el uso y consumo de químicos, nos hacen mal a nosotros y al planeta; con nuestros pares, sería bueno caminar aunque sea algunas horas en los zapatitos del otro antes de criticar y de juzgar, a nuestros hijos no les enseñemos a obedecer y callar, enseñemos a pensar, cuestionar y respetar, es la única forma, la vía de cambio está dentro de nuestro hogar y nosotros somos los encargados de realizarla, hagámoslo con armonía, con ecología, con sabiduría, trabajemos con amor y tendremos un mundo mejor.

La Agricultura y sus Sistemas

La Agricultura y sus Sistemas

En los comienzos de la humanidad, las personas vivían principalmente de la recolección, además, complementaban con la caza y la pesca si tenían acceso a ella. El nacimiento de la agricultura, entendiendo por ésta a la cría de ganado y producción de alimentos, se fue dando en la medida que el ser humano comenzó con el proceso de domesticación de animales a través del pastoreo y de las especies silvestres que eran consumidas por el hombre y que respondieron bien al ser cultivadas bajo condiciones similares a las de su estado natural. Junto con la agricultura, también, se introdujo la posibilidad de establecer asentamientos humanos y comenzar con el proceso de arraigo geográfico de pequeñas comunidades.

Con la práctica de la agricultura, se produjo un aumento en la producción de algunos alimentos, proporcionando cierta seguridad alimentaria (acceso seguro y permanente al alimento) y favoreciendo la posibilidad de formar asentamientos humanos; sin embargo, también ocurrió un empobrecimiento en cuanto a variedad en la alimentación. Esto debido a que, cuando predominaba la recolección, la alimentación era bastante más ligada a la estacionalidad de los alimentos y así conectada con los ciclos de la naturaleza y las necesidades humanas.

Si bien la recolección, la pesca, la caza y la agricultura han acompañado al hombre a lo largo de la historia; fue gracias al intercambio o trueque de semillas, plantas, animales y saberes, el que las sociedades han podido luchar por su soberanía alimentaria (derechos sobre la producción del alimento de los pueblos).

La historia del hombre es también la historia de su alimentación. Los alimentos que consume un pueblo, son producto de toda su historia cultural y social.

Son muy diversas las maneras de hacer agricultura, tan diversas como la expresión de cada sistema en particular. Todo suelo es distinto, cada semilla tiene su historia, el agua nunca es la misma y el sol no calienta siempre igual. No existen recetas únicas para cultivar, pero si existen principios de la naturaleza.

Muchas veces caemos en confusiones con respecto a las corrientes y sistemas de agricultura; escuchamos sobre permacultura, agrofloresta, agricultura biodinámica, agricultura orgánica, agricultura respetuosa, agricultura natural, etc. Sin embargo, mi forma de pensar es que no necesitamos seguir un solo sistema; lo que necesitamos es conectarnos con la naturaleza y hacer nuestro propio sistema ayudados por lo que conocemos, por lo que leemos, por lo que nos hace sentido y por lo que queremos. Creo firmemente en que, para cultivar nos debemos basar en el respeto por la tierra (todo lo que vive es tierra) y en la real comprensión de la biodiversidad. No necesitamos recetas ni grandes maestros, necesitamos conectarnos con el lugar, el entorno, comprender la historia y hacer un esfuerzo por conocer en lo más profundo el espacio donde vamos a intervenir para producir nuestro propio alimento. Debemos trabajar en dar entes de recibir, en comprender que un alimento es la manifestación de la vida en el suelo, en considerar a cada semilla como un verdadero tesoro, en cuidar el agua y manejar sistemas con el mínimo uso de ésta; potenciar el uso de recursos propios y compartidos, el trabajo comunitario y por sobre todo, hacer un intento por comprender la historia y la cultura del lugar donde se quiere cultivar, ya que sin cultura no hay “agri – cultura”.

La Comunidad

La Comunidad

En el nordeste de Brasil, específicamente en Rio Grande do Norte, en una localidad llamada Entre Ríos, perteneciente a la ciudad de Vila Flor, a unos 2 km de Sibaúma, unos 9 km de Pipa y unos 100 km de la Ciudad de Natal; se ubica esta porción de tierra de unas 6 hectáreas que hoy está siendo habitada y cuidada por un grupo de personas que tenemos todas un objetivo común; vivir siendo parte de la naturaleza y en comunidad.

Este terreno fue comprado el año 2009 por Angeli (Madre), Lauri (Hija) y su pareja Cristian más conocido como el Chino; acontecimiento que les permitió dejar sus países para vivir en calma en este lugar. Lo bautizaron con el nombre de Espacio Catú; dado que el río que pasa por el terreno lleva este nombre. Durante casi 8 años, Angeli y Lauri han estado viviendo solas y trabajando muy duro para conseguir armar lo que tienen al día de hoy. En este contexto de mucho trabajo y en ocasiones, falta de apoyo y compañía; ellas comenzaron a vender algunos pedacitos de su tierra a gente que compartiera intereses y pudiesen ser un aporte para comenzar a formar una verdadera comunidad. Así fue como ha llegado July que es una psicóloga ambiental con su proyecto “Catucando nossa natureza”, Ana que es una francesa amante de la naturaleza y de la vida en su máxima expresión de la simplicidad, Katia (mi hermana) que es ecóloga paisajista de profesión y nosotros con nuestro proyecto de familia “Un viaje a la resiliencia”.

ESPACIO CATÚ

En espacio Catú, Angeli cuenta ya con una quesería de leche de cabra donde hace un rico queso artesanal y cría a unas 70 cabras. Lauri hace pan integral, aceites esenciales, clases de yoga y otras cositas que llevan al mercado ecológico cada viernes en Pipa. La idea de proyecto inicial de este lugar ha sido comenzar con algunas actividades educativas y recreativas, que inviten a personas de todas las edades a venir y disfrutar de un entorno ecológico y respetuoso con todos los seres. Se han diseñado algunas actividades para niños donde vienen a pasar un día con la naturaleza y a aprender de ella, en otras instancias se han realizado convocatorias familiares para venir a conocer la lechería, hacer ordeña y fabricar queso; hay días en que se ha invitado a hacer pan y conversar sobre alimentación, se han realizado encuentros de yoga y meditación, y la lista de actividades y propuestas se está desarrollando a pasos agigantados en la medida que se van percibiendo las diferentes necesidades sociales y ambientales. El foco central ha sido traspasar algunos conocimientos por medio de la experiencia compartida y del disfrute.

Un apoyo importante que se ha generado en Espacio Catú, ha sido el trabajo de voluntarios tanto de Brasil como de otras partes del mundo. Viajeros en busca de aprender y trabajar por alojamiento, comida y una buena aventura. Ellos han comenzado a cultivar algunas especies, colaboran con el cuidado de los animales y son quienes llegan con nuevas ideas que se puedan realizar en este lugar. Así poco a poco se ha ido haciendo un proyecto de comunidad, donde cada uno aporta sus valores, trabajo y conocimientos para un fin común; crear un ecosistema resiliente, bien diseñado, que permita generar autonomía y permanencia, enfocado en educar y traspasar la belleza de vivir en sintonía con la naturaleza.

PROYECTO “CATUCANDO NOSSA NATUREZA”

July es mi vecina y es la creadora de este proyecto de educación ambiental para niños. Ella es brasilera y psicóloga de profesión, nacida al interior de Sao Paulo y hace unos 8 años se vino a vivir al nordeste de Brasil. Siempre ha sido una viajera y va y vuelve cada tanto, sin embargo, ahora ya ha decidido quedarse para trabajar en este lugar. En sus tiempos de formación profesional, se ha desarrollado fuertemente en el área de psicología ambiental, donde busca volver a relacionar al ser humano con su medio ambiente y generar las interrelaciones necesarias para desarrollar la resiliencia frente a las mudanzas de contexto.

Hace unos 3 años atrás, en un ritual que se hizo en estas tierras, ella comenzó a caminar y sentir el lugar, hasta que, por esas oportunidades de la vida, se encontró con el chino y comenzaron a ver la posibilidad de que ella pudiese acceder a un terrenito por acá. Así fue como consiguió comprar 1000 mt 2 y poco a poco comenzar con la construcción de su casita. Una vez terminada su construcción, ya se fue de viaje y en esas idas y vueltas, llegó hace unos 6 meses ya con la decisión de establecerse por un tiempo más largo por estas tierras para así comenzar a ser parte de este proyecto de permacultura que cada uno de nosotros ha venido soñando y que hoy tenemos la certeza de querer realizar.

Si bien este sector del nordeste de Brasil es una belleza natural, llena de playas, ríos, pantanos, lagunas, bosques y vida animal, la mayoría de las escuelas por estos lados son muy pequeñas, casi sin patio y con horarios sumamente reducidos a 4 horas diarias. Así es como los niños, en la escuela, alcanzan a desarrollar las áreas de exigencia escolar basadas en los programas gubernamentales y no mucho más; siendo casi imposible educar en medioambiente y menos aún generar esta interrelación niño-naturaleza en los horarios de estudio. De esta observación, y de las inquietudes personales de July, es que ha nacido este proyecto de educación complementaria llamado “Catucando nossa natureza”. Aquí convocan a padres y niños que viven en Pipa, Tibau, Vila Flor, Sibaúma y alrededores, para pasar un día con la naturaleza y aprender de ella. Para la adecuada realización de este trabajo, July invitó a trabajar a Lolita quien es profesora reconocida de espacio maturi (escuela del pueblo de Pipa). Así es como trabajando en equipo y detectando cuales pueden ser las necesidades de los niños y familias a las que se están dirigiendo, es que decidieron hacer un fuerte hincapié en lo que respecta a alimentación, ciclos de la vida, relaciones entre la productividad lineal y los ciclos de la naturaleza, el sol, el agua, las plantas y todo lo relacionado a la naturaleza y la vida.

Una vez que fueron desarrollando las propuestas, los niños comenzaron a ser inscritos y la demanda de talleres ha sido cada día más. Hoy ya van en el catorceavo taller y los niños vienen felices a participar y aprender.

Ecosistema Local

Ecosistema Local

Aprendiendo, Cuidando y Evolucionando junto a nuestro entorno natural

TRIBU INDÍGENA KATU DE POTIGUARA     “Un Oasis en Medio de la Caña de Azúcar” Abril  2018

Nuevamente fuimos a visitar la aldea, pero esta vez con un foco claro hacia su agricultura. La visitamos 4 personas, July que es psicóloga medioambiental, una voluntaria de Espacio Catú llamada Carolina que es botánica de profesión, una chica llamada Raíces que vive en pipa que es bióloga y yo. Nuestra intensión era saber un poco sobre su historia, su estado actual y comenzar a comprender sus necesidades.

Juan Pablo, hijo de padre agricultor y madre mangabera (recolectora de mangaba silvestre) nos llevó de visita donde algunos agricultores orgánicos y otros convencionales, haciendo un recorrido de larga caminata e interesantes conversaciones en torno a sus cultivos, semillas, rendimientos, dificultades, sus tierras, sistemas de comercialización, dolores y aspiraciones. Él, junto a su familia son de los pocos agricultores que han sabido conservar sus tierras y seguir trabajándolas en sintonía con la naturaleza. Ellos no usan químicos en su producción, trabajan solo con un sistema de “engorde de suelos” como le llaman ellos, que consiste en abonar con guano de vaca. Sin embargo, al comparar sus producciones con las de otros agricultores convencionales, se lamentan por obtener bajos rendimientos y eventuales pérdidas por ataque de plagas y enfermedades. En mi opinión, creo que este es el punto clave para comenzar a trabajar; ya que una agricultura orgánica, ecológica, agroecológica, respetuosa o como le quieran llamar, que esté bien manejada con los recursos propios y algo de esfuerzo, debiera entregar aún mejores resultados productivos y económicos que un sistema de agricultura convencional, ya que éste último tiene fuga de capital en la compra de semillas e insumos químicos. Este punto es clave, ya que basta que un agricultor comience a obtener buenos rendimientos y mejor retorno económico basado en un sistema de agricultura respetuosa, para comenzar a ser el motor de cambio de un proceso real de transición para todos los agricultores de la tribu.

Son terrenos realmente maravillosos, un verdadero paraíso que aún tienen la posibilidad de conservar. Se deben mantener fuertes ante las presiones por parte de la industria de caña que quiere acceder a sus tierras, ante la seducción por parte del municipio con el regalo de semillas comerciales y ante la tentación de poner químicos en sus suelos.

La sensación con la que me quedé después de la visita, es que ellos necesitan ayuda; están sumergidos en la pobreza económica, su producción si bien no es escaza, es poco abundante, su comercialización aún es muy precaria y no logran vender todo lo que producen. Necesitan apoyo, mejorar sus sistemas de producción, aprender a nutrir bien sus suelos, a hacer asociaciones de cultivos, a rotar para evitar enfermedades; necesitan apoyo para lograr una organización entre sus productores, para conseguir una buena venta de sus productos y así poder continuar cultivando sus tierras y conservando su cultura.

TRIBU INDÍGENA KATU DE POTIGUARA

Marzo 2018

Mi vecina July, un tiempo atrás fue a conocer la única aldea de los indígenas katu de Potiguara que existe en todo Río grande do Norte de Brasil, cultura que ha venido resistiendo a todas las presiones ejercidas por el gobierno y dueños de cañaverales para expropiarles sus tierras y hacer de ellas la monocultura de la caña de azúcar. Después de larga resistencia y lucha por su reconocimiento y protección, han conseguido algo de respeto, y hoy en día parte de su trabajo está siendo el transmitir a otros su cultura y sabiduría ancestral.

Un día conversando con July y preguntándole si conocía algunos pequeños productores por la zona que pudiésemos visitar, ella mencionó esta aldea y rápidamente sentí la certeza de que tenía que ir para allá. Un par de semanas posterior a esta conversación, July organizó una visita y una caminata por la mata atlántica en búsqueda del reconocimiento de alimentos de recolección silvestre y de plantas medicinales del lugar.

Creo no tener palabras para transmitir lo vivido en ese día, ya que fue una experiencia tan maravillosa que se me hace casi imposible expresar. Sin embargo, iré haciendo un intento…llegamos al lugar acordado como punto de encuentro con el capataz de la tribu y dos indígenas más que lo acompañaban a él para guiar a este grupo de 6 mujeres en la ruta de las plantas medicinales. Conversamos un poco y luego emprendimos la caminata sumergiéndonos en la misma ruta que han hecho por cientos de años los cazadores y recolectores de esta tribu. Durante el camino fuimos comiendo frutitas como guabiroba, cambuí y mangaba; conociendo especies medicinales como la corteza del barbatimao. Paramos en el “ojo de agua” de la naciente del río Katu, observamos, caminamos, conversamos, sentimos, respiramos y regresamos luego de unas 4 horas. Fue algo intenso y agotador por el calor que hacía, sin embargo, la sensación de plenitud cuando salimos de ese bosque es algo que se siente maravilloso.

Saliendo de la mata atlántica comienza el pueblo y también se empiezan a asomar los terrenos cultivados por sistemas de agricultura familiar. Recorrido que en esta oportunidad quedó pendiente pero que prontamente vamos a realizar. Lo que sí logramos conversar un poco fue sobre el manejo de los cultivos que están teniendo al día de hoy, los que, con el dolor de su alma el capataz mencionaba que estaban siendo contaminados por la industria química y el vicio de los fertilizantes de síntesis. Sin embargo, la esperanza en él no está perdida, ya que hay 6 pequeños productores que cultivan orgánico y que lo hacen con buenos resultados, pudiendo ser el ejemplo para implementar un programa de transición a la producción orgánica de toda la aldea. Una tarea difícil, pero que se puede lograr.

OBSERVANDO NUESTRO ENTORNO

Enero 2018

Lo primero que estamos haciendo es instalarnos en nuestra casa, acomodarla, estamos construyendo otro cuarto, limpiando un poco el terreno, estoy tratando de pasar bastante tiempo observando el lugar y conociendo a quienes serán nuestros vecinos y compañeros de vida; poniendo especial énfasis en conectar con gente nativa del lugar, ya que nadie conoce más las tierras que quienes han nacido en ellas. Así es como he tenido la fortuna de conocer a Carliños, quien es un nativo de esta zona que sabe todo sobre este lugar, conoce la tierra como la palma de su mano y lleva años trabajando junto a Angely con las cabras y plantas de espacio Catú. Junto a él, estamos haciendo un catastro de todas las especies de plantas y árboles que ya tiene este lugar, así seleccionaremos cuales quedarán y cuales se convertirán en biomasa para poder dar espacio a los árboles frutales y hortalizas.

Otro trabajo importante que he ido haciendo, es comenzar a conocer un poco la historia de estas tierras; a qué las han destinado, cuáles son las prácticas de manejo de suelos, cuál es la cultura agrícola del lugar, reconocer los alimentos más consumidos y cuáles son los alimentos originarios y mejor adaptados a la zona.

Hoy ha llegado a casa el pedrero (quien está construyendo un cuarto nuevo) y me trajo unas frutas de color rojizo y de un sabor único llamadas Jambre, me trajo también una rama de ese árbol y en cosa de segundos me explicó que necesitaba mucha agua, que es sensible al trasplante, que da sus frutos en forma de racimo y que gusta mucho de tener su propio espacio. Trajo otra fruta que no había visto nunca y se llama limón japonés, es de la familia de las carambolas y tiene un sabor ácido muy especial. Puso en el regalo un limón llamado limón de bahía, fruto grande de los cítricos y muy gustoso. Así he comenzado a aprender sobre algunos cultivos y frutales del lugar. También me he hecho visitante activa del vivero donde trabaja don Luis, un hombre grande que lleva su vida trabajando con la tierra, donde con paseos y conversaciones hablamos sobre las plantas, sus necesidades y otros temas de la vida. Con él he aprendido mucho y he conseguido las primeras plantas para mi jardín.